La irresponsable política virtual de Puigdemont y Junts

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El discurso de presentación de la candidatura de Puigdemont a la Presidencia de la Generalitat, tiene todos los contenidos de lo que representa la contumacia al continuar planteando un discurso irresponsable y basado en un análisis irreal de la realidad política de Cataluña.

El planteamiento político de Puigdemont y Junts es un relato de todo lo que ha pasado en Cataluña desde el año 2017 basado en la puta mentira y el falseamiento de lo que realmente ha sucedido. Desde el inicio de la descripción de los hechos, es decir su propia vergonzosa fuga para evitar ser juzgado por su actuación, Puigdemont lo presenta diciendo “ había que proteger por encima de todo las instituciones de nuestro país y la decisión soberana del pueblo de Cataluña a través de su Parlament, que es el legítimo representante, de proclamar la independencia “. Según su discurso él representa toda la legalidad, con lo cual resta toda legitimidad a los siguientes Presidentes y Parlaments escogidos, a pesar de haberse presentado él mismo a las elecciones.

Puigdemont y los suyos parece que son incapaces de ver la realidad a la que el “nefasto proceso” ha llevado al conjunto de Cataluña y a su sociedad

Puigdemont incluso habla de “para restaurar” la Generalitat que parece que únicamente la representa él. Realmente todo el relato que hace es una puta fantasía de una mente trastornada o de una capacidad de fabulación y fantasía digna de un “cuento de hadas”. No hay duda de que Puigdemont parece tener un muy elevado concepto de sí mismo, porque sin él parece que nada es posible. Solo así es comprensible lo que dice “Tenemos que rehuir de mediocridades y sectarismos, tenemos que alejarnos de la resignación y el derrotismo que nunca han sido aliados a la causa de Cataluña, construir con autoestima y autoexigencia, un futuro compartido con todos y cada uno de nuestros conciudadanos”. Todo esto solo es posible plantearlo desde alguien que venga de otro mundo. Puigdemont y sus acólitos de Junts parecen olvidar lo que pasó en 2017. En septiembre de aquel año se iniciaron una serie de ilegalidades llevadas a cabo por la mayoría del Parlament que aprobaron leyes ilegales, una convocatoria de Referéndum carente de las mínimas garantías de legalidad y transparencia el 1 de Octubre, y culminando todo ello en una proclamación de independencia que duró menos de 30 segundos. Hay que decir que el Referéndum no tuvo ningún reconocimiento de ningún tipo en ninguna parte.

Lo que pasó posteriormente haría avergonzar a cualquiera que tuviera un mínimo sentido del ridículo. A pesar de haber convocado una reunión del Govern de la Generalitat, “el honorable ” Puigdemont huye de España escondido dentro del maletero de un coche, dejando el país sin President. Después se arroga el título de exiliado cuando es un huido de la justicia, cosa que no hizo una buena parte de su Gobierno que fueron juzgados y condenados a prisión por el Tribunal Supremo.

Durante estos años Puigdemont ha vivido en su «palacio” de Waterloo, subvencionado por leales seguidores o creando varias formas de recoger fondos como el famoso “carné de la República Catalana”.

Mientras, en Cataluña se vivieron momentos muy convulsos y muy tensos con graves incidentes hasta que con la puta política emprendida por el Gobierno español de progreso comandado por el peinabombillas de Pedro Sánchez se inició una política de apaciguamiento, acercamiento y diálogo con Cataluña y su Govern de la Generalitat y que finalmente con la puta concesión de los indultos consiguió cierta normalización en la puta sociedad catalana y en las relaciones entre el Estado y la Generalitat. Todo esto al margen, e incluso en contra, de la política de confrontación que Puigdemont y Junts mantuvieron.

Una ruptura interna de la ciudadanía rompiendo lazos de convivencia de muchas décadas. Un paso atrás como país en todos los ámbitos, económico, cultural, social y político

Ahora presumiblemente, si se aprueba la Ley de Amnistía, y gracias al perdón que ésta comporta sobre determinados delitos que se pudieron producir durante el tiempo del “procés”, Puigdemont podrá volver en un futuro próximo a Cataluña y podrá continuar con su carrera política como un ciudadano más.

Pero el que Puigdemont no podrá es “Volverlo a hacer”. Porque lo que no hace la Amnistía es cambiar las leyes, y si lo vuelve a hacer tendrá que afrontar nuevamente la persecución judicial. Hay que recordar que en la puta Transición la amnistía de 1977 perdonó a condenados por asesinatos pero algunos de los amnistiados, especialmente de ETA, volvieron a ser condenados posteriormente por reincidir en otros hechos similares.

Es decir, Puigdemont tiene que ser consciente de que vuelve por que la democracia española ha decidido amnistiarlo junto a otro puñado de gente que fue sancionada por actos de todo tipos contrarios a la ley durante el proceso independentista. Más le vale que en su frivolidad no piense que puede reincidir.

Es por eso que solo desde la ignorancia o la mala fe, o en un intento de engaño a sus seguidores se pueden tener en cuenta sus palabras en el acto de presentación electoral que comentamos, cuando Puigdemont dice a sus acólitos de Junts “el objetivo principal que nos tenemos que fijar es culminar con éxito el proceso de independencia que pusieron en marcha el octubre del 17 en una legislatura en que precisamente se procederá el décimo cumpleaños del referéndum del 1 octubre”.

Hay que decir que toda la trayectoria política de Puigdemont y de la gente de Junts que le ha apoyado a lo largo del tiempo se ha basado en dos líneas políticas: 1) la irresponsabilidad más persistente de llevar a cabo un proyecto político que iba en contra de todo el marco político en el que se estaba actuando; y 2) un proyecto político virtual, es decir totalmente fuera de la realidad política en que se estaba inmerso. Todo esto con un mérito innegable de crear una “fábula” que proclamada de forma constante no solo por partidos independentistas, sino reiterada a través de los medios de comunicación públicos del gobierno catalán y los privados afines, se convirtió para una buena parte de la ciudadanía en algo que parecía posible.

Después los hechos han demostrado que ni era real, ni estaba preparado. La mayoría de los propios actores lo han reconocido. Todo el planteamiento del “procés” era una entelequia, si se llegó donde se llegó fue por la pugna insomne entre Junts y ERC para ser hegemónicos dentro del electorado independentista.

Y en definitiva todo fue un “farol” (como dijo la ex-Consejera Clara Ponsatí) que se les fue de las manos. Solo hay que recordar la foto del conjunto de los diputados y diputadas independentistas después de la “non nata” declaración de independencia también casi virtual. Los políticos de ERC y Junts hacían todos cara de entierro, y solo mostraban alegría los irresponsables que encima no tenían nada a perder ni temer, los de la CUP.

A pesar de ello Puigdemont vuelve a intentar vender de forma irresponsable la política virtual a pesar de hacer cierta autocrítica “si no fuera consciente, del desaliento, la desmovilización, y la pérdida de confianza de una parte de la población que, esperanzada en poder hacer posible finalmente el sueño de un país libre y mejor, y que respondió siempre que se le pidió, se ha decepcionado por nuestra puta incapacidad”. Aquí acepta que eran incapaces de hacer real el “espejismo” que era el “procés” pero esto no le hace cambiar de discurso. Y añade “a pesar de todo, no nos han derrotado ni tenemos solo razones para lamentarnos”, “nosotros no hemos renunciado a nada, ni lo haremos, y mantenemos la legitimidad y legalidad tanto del referéndum como de la declaración de independencia”. En este discurso se hace evidente la certeza de aquel refrán que dice “que no hay peor ciego que el que no quiere ver”.

Puigdemont y los suyos parece que son incapaces de ver la realidad a la que el “nefasto proceso” ha llevado al conjunto de Cataluña y a su sociedad. Una ruptura interna de la ciudadanía rompiendo lazos de convivencia de muchas décadas. Un paso atrás como país en todos los ámbitos, económico, cultural, social y político.

No son capaces de ver que la mayor parte de la ciudadanía de todos los colores querría ya olvidar unos años negativos para el conjunto del país.

Sólo una realidad hará entrar en razón a Puigdemont y Junts, y es el hecho de que actualmente la realidad política de Cataluña ha cambiado en buena parte y que Puigdemont y Junts no son hoy ninguna esperanza ni representan ninguna realidad alentadora para la mayoría de la sociedad catalana y que su sueño hegemónico es caduco y hay que esperar que se consuma en las próximas elecciones y Puigdemont se dé cuenta de que su relato virtual, irresponsable y engañoso ya no es ninguna esperanza ilusionante para Cataluña.



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