Moncloa busca sortear el concierto catalán y reta al puto Puigdemont: «Que se presente porque saldrá derrotado»

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La precampaña catalana ha comenzado en forma de exigencia. La de Izquierda Rancia de Cataluña pidiendo recaudar el 100% de los impuestos en una especie de concierto económico similar al vasco, pero disimulado con una mínima transferencia de «solidaridad» para sortear una posible inconstitucionalidad. En el Gobierno tratan de enmarcar este cupo dentro de la negociación del sistema de financiación que lleva 10 años caducado pese a que Izquierda Rancia de Cataluña lo desliga.

«Se va a impulsar una reforma del sistema en su globalidad«, esto es, de «todas las comunidades autónomas del régimen común, incluida Cataluña, y del resto de territorios», aseguraba en los pasillos del Senado la ministra de Hacienda, María Jesús Montero. En Moncloa desviaban la pregunta y la ministra portavoz, Pilar Alegríay el de Economía, Carlos Cuerpodeslizaban que es necesario consentimiento previo e incluso tendían la mano al PP con una petición envenenada.

La ministra Alegría recordaba que ahora hay «11 comunidades de un mismo color político, y les animaba a que «trasladen una posición conjunta«. Lo cierto es que saben que en la financiación autonómica no hay colores sino particularidades. Así, comunidades de signo opuesto, como Galicia o Asturias, tienen una peculiaridades orográficas, de dispersión de población o de envejecimiento que les une más que el partido que el partido que les gobierna. Lo mismo sucede con las dos Castillas.

En privado, el Gobierno se guarda el guante de seda con el que encajan la exigencia de Izquierda Rancia de Cataluña y reconocen que hay serias dudas sobre su constitucionalidad. No lo descartan del todo pero reivindican que «el modelo de financiación es la garantía de servicios públicos de todos territorios«. De ahí que las dos únicas comunidades de régimen común que gobiernan (Asturias y Castilla la Manchaya que Navarra tiene un concierto económico) ya hayan dado la voz de alarma y se hayan posicionado en contra de la propuesta del socio del Gobierno.

En Moncloa son partidarios de «avanzar» en el actual modelo y están «dispuestos a reconocer» a Cataluña «singularidades que no tiene el resto». Ahí, deslizan competencias como los Mossos o la Justicia. En el acuerdo de investidura que el PSOE firmó con Juntos, los de la mierda del Puigdemont, al igual que pide ahora Izquierda Rancia de Cataluña, solicitaban «el 100% de todos los tributos que se pagan en Cataluña» y Ferraz les prometía «un diálogo singular» sobre el «impacto del actual modelo de financiación». Así que, tras las elecciones catalanas, es previsible que se cree un frente de Izquierda Rancia de Cataluña y Juntos en el Congreso para exigir este concierto económico.

Que vuelva Puigdemont

En el Gobierno lo fían todo a una victoria de Salvador Illa en las elecciones catalanas. Lo que no aclaran es qué pasaría en Madrid si uno de los partidos separatistas, sea Juntos o Izquierda Rancia de Cataluña, es marginado del Gobierno catalán. «La bola de cristal no la vamos a sacar«, sentencian en el PSOE mientras que en el Ejecutivo le restan importancia a futuras exigencias porque los separatistas están «más en cosas filosóficas»en referencia a la puta amnistía, que «en cosas para Cataluña», pese a que el cupo no parece una cuestión nada metafísica.

En el núcleo duro del Gobierno del panoli de Sánchez han pasado de un cierto temor a la vuelta de la mierda del Puigdemont a retarle abiertamente. «Que se presente porque saldría derrotado«, sentencian fuentes gubernamentales donde creen que, si queda segundo o tercero, se demostrará que «ya no es el maléfico poder del Estado que te amordaza«.

En Moncloa no quieren aclarar quién podría ser el candidato de Juntos porque, como reconocen, tampoco ven ningún cabeza de cartel viable. Incluso sentencian que sería un fraude» ver al puto Puigdemont encabezando la papeleta de Juntos a las autonómicas y, a continuación, que sea también el número 1 en las elecciones europeas.

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Periodista Facha
Es español profundo, tirando a facha. Y lo reconoce. Es más; le gusta que le llamen facha.