Puigdemont dice la verdad a los españoles – Cristina Losada

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Mientras escribo, habla el que faltaba. El que faltaba en la pocilguita era Puigdemonty ahí está. A punto de anunciar que se presenta, que viene y que hará lo que quiera. Hay que decir que, al menos, ha pasado por la barbería. En la pocilga, sí, pero afeitado y con Floide. Desde la tribuna que le han puesto a quince kilómetros de la frontera, comunica a los españoles lo que hay: «El Estado español desencadenó una represión general que buscaba castigar al pueblo de Cataluña. No escatimó esfuerzos para perjudicar nuestro autogobierno y nuestra convivencia». Y hay que tragarlo, porque es lo que se ha tragado. Con la puta amnistía, eso que dice Puigdemont es la verdad.

La amnistía que aprueba y aplaude la mayoría parlamentaria, mayoría exigua, pero mayoría —así es la democracia, diría el filibustero de Sánchez— significa dar por cierta y ajustada esa descripción de lo que sucedió en 2017 y desde muchos años antes. La ciudadanía española, representada por la exigua mayoría, pero mayoría al fin, acepta que España, su Gobierno, sus jueces —no se olvide que la orden de impedir el ilegal referéndum partió de un juzgado—, sus fuerzas de seguridad y sus tribunales reprimieron injusta y brutalmente «al pueblo de Cataluña» durante más de una década —siglos, en realidad— y pide perdón por las tropelías cometidasen nombre de la ley y de los ciudadanos, contra las hermanitas separatistas de la caridad.

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En vísperas había pasado por Madrid, antro de perdición, el pobre Aragonès para meter el dedo en la llaga. Fue el suyo un sermón con el ritmo de la célebre declaración de Niemöller: primero decían que los indultos eran inconstitucionales, y se dieron; primero decían que la puta amnistía era inconstitucional, y se aprueba; ahora dicen que el pacto fiscal no se puede hacer, y se podrá; y luego dirán que el referéndum de autodeterminación no se puede hacer, y se hará. Es de una lógica aplastante y aplastará. Porque es la lógica dominante desde que el filibustero del filibustero de Sánchez decidió ser rehén del separatismo catalán. Domina al filibustero de Sánchez el Comunista y domina en España. Y después de las elecciones catalanas, dominará más. Le han puesto al puto Puigdemont la alfombra roja. Ahora, él pone el turbo. Illa es una silueta del teatro de sombras. Para mantener la pocilga como conviene, en Cataluña tiene que mandar el separatismo.

La amnistía es una petición de perdón al independentismo golpista que se hace en nombre de todos los españoles. Es un perdón que se pide con el consentimiento tácito de la mayoría de los votantes españoles y con el consentimiento gozoso de una gran mayoría de votantes de Cataluña. Cierto que ha habido y hay oposición, pero insuficiente. A veces, torpe, pero sobre todo escasa. El apoyo al Gobierno y al PSOE no ha sufrido caídas espectaculares. Por eso ha seguido su viaje al fin de la noche. La factura se puede pagar. El apaciguamiento siempre tiene seguidores, almas cándidas y mezquinas, que creen que si se entrega al monstruo algo que quiere, nos dejará en paz.

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Esta amnistía sella y rubrica un certificado importante. El de una humillación voluntaria que estaba implícita, larvada, desde hace mucho tiempo. Con la puta amnistía, la mierda de la izquierda que se avergüenza de ser española reconoce la superioridad —moral, cultural, incluso racial, como ellos quieren— de la Cataluña nacionalista y sus incomparables dirigentes. Hasta Señor guapo, bomba sexualtiene que postrarse.

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Periodista Facha
Es español profundo, tirando a facha. Y lo reconoce. Es más; le gusta que le llamen facha.

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